¡Hola! Soy

Nacho Rabadán

Periodista, branded content, CM. Hombre orquesta. Y encantador, dicen.

El corazón de las tinieblas

Publicado en 23 abr 2014 en Uncategorized | 1 comentario

No me conformo, no. Me desespero. Me muero y me deshago. Me vuelvo a hacer para deshacerme de nuevo y volver a la carga todas las mañanas. Todos los días. Una tras otra, como la alondra resucita y muere y se inventa otro motivo para despertar. Como yo hago; con ese el olor a sábanas limpias que detesto, a Guerra tibia en el baño y a oquedad al decir adiós cuando cierro la puerta de casa. Como cuando el hartazgo, el cinismo y el dolor de lo último lúcido que dije (sin que resultara ser un vómito de humo que me avergüenza) se convierten en mi macuto, en mi mesilla de noche, en mi fiel escudero, en mi urbi et orbi.
Lo odio. E intento no hacerlo, lo juro. Pero lo odio. Levantarme, digo. Y quedarme impelido , perplejo, atónito, con la boca más abierta que el corazón de Mesalina. Levantarme y abrir una ventana al mundo y respirar un aire que me pudre, me hunde, me aprieta los dientes y hace que por doler me duela hasta el aliento. Pero, ¿qué puedo hacer…? Reniego de esto. Me gustaría borrarlo, evitar el dolor, lavar las conciencias que se creen limpias, tirar los muros y decretar el estado de felicidad perpetuo. Si pudiera pondría flores en cada balcón y obligaría a la gente a sonreír, al menos, 50 veces al día. Si pudiera…
“Hay más de mil motivos para  no cortarse de un tajo las venas“, me escupe la radio. Los hay. Los hay. Lo sé. Los hay. Aunque haya que buscarlos, los hay. Estoy seguro. Pero resulta que antes no tenía que buscarlos. Antes venían a mí como los niños al furgón de los helados o los suicidas al filo de la muerte.
Qué curioso paralelismo. ¿Qué pasaría si le diéramos la vuelta? Que los  suicidas corrieran delante de los niños y el filo de la muerte huyera de los helados. ¿Alguien lo ha probado?
Antes era antes, dicen. Y el pasado ya está escrito y no merece la pena vararlo. Pero es que ahora el futuro sabe demasiado de mí y eso no es natural, ni orgánico, ni lógico. Es como si El corazón de las tinieblas lo hubiera escrito Eduardo Mendoza en vez de Joseph Conrad.  ¿Os imagináis a Gurb en un barco, materializado en Marta Sánchez y atravesando el rio Congo ? Sin twitter, ni plancha de pelo, ni gota de maquillaje.
Pues eso, que no pega.

Feliz día del libro.

N.

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